lunes, 7 de noviembre de 2016

Oda a una borracha


Hay cosas que me irritan - los ojos-.
Verte. Por ejemplo.
Ver tus carrillos rojizos.
Tus ojos brillantes.
Tu habla en balbuceo.
La incordinacion de tu lengua, moviéndose a trompicones.
Hay cosas que me queman por dentro.
Olerte. Por ejemplo.
Oler ese aroma que incita a prender un mechero.
Esa fragancia que tiene graduación y es volátil cual sopa hirviendo en el puchero.
Hay cosas que me molestan.
Oírte. Por ejemplo.
Oír ese vocabulario digno de barriobajero con odio que escupe desde sus adentros.
Esos "ehh"...balbucenantes Entres esas "ah"... Y una palabra malsonante al final.
Hay cosas que me matan.
Sentirte. Por ejemplo.
Sentir cómo te quiero y de lo que sirve ese amor verdadero.
Ese madre hija con hija pero sin madre.
Ese hola y adiós seguido, tras verte zizageando por la calle.
Romper cada músculo de mi cuerpo tras la tensión creada en un incierto momento. 
Hay cosas que me matan. 
Tocarte. Por ejemplo. 
Porque es algo que no puedo hacer cuando te veo.
Por tus gritos y maldiciones, tu odio y tus canciones... Siempre con la misma letra:
" Algún día me iré,  llevaré conmigo la maleta, no volveré a entrar por esa puerta. Esto no es una familia, vaya vida de mierda".
Oda a una borracha

jueves, 9 de junio de 2016

Te quiero... En mi vida


Te necesito justo ahí,  las palabras no pueden expresar la manera en la que te echo de menos. Pedirme que no llorase cuando te fueras... Es lo único que no pude prometer. Aunque conseguí repartir las lagrimas, en lugares, momentos, en los que solo yo estuviera (contigo).
Me gustaría tumbarme a tu lado y cuidarte siempre. No quiero estar aquí si no es contigo.
Eras la más verdadera de las verdades, la pureza más pura, la dulce miel en el café amargo, la gota de lluvia esperada en el más caluroso verano, la fábrica de sonrisas y chistes malos para alegrar cualquier cabizbajo... Eras las manos que calientan en el frío del invierno y el abrazo sincero tras un tropiezo, y otro, y otro...


Lay me down by your side.

Me han enseñado... Y he aprendido.

De la canción Let it be me, de Ray Lamontagne:


Now I remember all to well

Just how it feels to be all alone
You feel like you'd give anything
For just a little place you can call your own.



That's when you need someone, someone that you can call
And when all your faith is gone
Feels like you can't go on



Let it be me
Let it be me
If it's a friend you need
Let it be me
Let it be me



Tantas cosas me gustaría, y siento, he de decir, que al final me quedo callada. 
El año pasado, hasta la fecha, ha sido el peor con diferencia de todos los vividos hasta ahora.
Familiares y amigos perdidos para siempre, enfermedades graves... y una larga lista de problemas y situaciones que me hicieron decir "¡Basta!". Siempre he intentado tener una mente positiva, ser luchadora, fuerte, parecerme más a mi abuela. Pero llegué a la situación de necesitar ya un 2016, porque no podía aguantar ni una más del 2015. Y gracias adiós, ¡ocurrió! Bienvenido 2016. Me da igual si comienzo el año atragantándome con las uvas, que sé que serás mejor. Confío en ti, ya llegué a mi límite. 
Ahora, más avanzados en el año, he de decir: gracias. 
Gracias por hacerme valorar aún más la vida, por hacer que me de cuenta de los insignificantes que son a veces los problemas, y cómo te acuerdas de ellos cuando algo grande, de verdad, se te viene encima. 
Te haces creyente de todas las religiones, del destino, del karma, de la suerte, del propio sino que tu mismo puedes crear si lo deseas con todas tus fuerzas... Pero la paz no llega.
Hoy día, repito, he de decir: gracias.
Gracias a enseñarme a valorar lo que realmente merece la pena, a dar la importancia merecida a cada asunto. Rendirme cuando he de hacerlo y luchar cuando sé que es mejor un esfuerzo, o dos.

A veces, quienes me leen, se creen que porque lleve nombre un escrito, quiere decir que esté dedicado a esas personas, pero para nada, leeme lector: esto va para mi. Pero si tú aprendes junto a mi, bienvenido seas en mi camino:

"He de decir, que he vuelto a hacerlo, sí, he vuelto a madurar. Cada golpe, cada persona nueva me ha hecho aprender nuevas lecciones y este arbolito que hay en mi, ha crecido unos centímetros más.

Me han enseñado... a meterme conmigo misma y reirme de ello. Que dejarme conocer, no es tan malo, consigues que la gente pueda sorprenderte con sus comentarios certeros sobre tu persona. A veces, como si te conocieran mejor que tú a ti mismo. Me han enseñado a escuchar lo que realmente necesito o quiero, aceptarlo y dar la razón. Me han enseñado a mirar hacia atrás feliz, porque aunque hubiese un feliz amargo, el camino mereció la pena. A conocerme a mí misma.
También a que cada uno tiene sus propios miedos, y a veces enseñar tu cuerpo puede ser menos vergonzoso cuando el compañero también tiene sus propias vergüenzas, y juntos compartís las mejillas o el pecho colorado. Resulta que tener vergüenzas es una tontería, pero si se consiguen eliminar juntos, el premio es mucho mayor. Me han enseñado, que el miedo, es menos miedo, si es compartido. Y que si tú te dejas, te puedo ayudar, al igual que yo confío en tu ayuda. 

Me han enseñado a que lo importante reside en los besos, y no en los labios. En las miradas y no en los ojos. En el esfuerzo de dejarse llevar, y no en el grosor de la armadura que has construido. Que a veces la valentía resulta ser cobarde. Me han enseñado a confiar, cuando no tenía de dónde agarrarme por si caía. Aceptar si te la jugaron, merece más la pena volver a internarlo antes que acorazarse de nuevo.

Me han enseñado que no todo es blanco, o negro. Ni gris. Vivimos en una escala de colores y cada uno se despierta con un color diferente cada día. Ahí está el momento de dar ánimos para tornarlos verdes cuando están apagados. 

Me han enseñado a que ninguna verdad es verdadera. 

Me han enseñado a quererme, un poquito más, paso a paso construyo mi propio poema. 

No todo lo importante está en las risas, ni en las letras, ni en las prisas por desnudar; disfruta que hay más aspectos que te rodean. 

Me han enseñado que la esperanza está ahí, a la espera, de ser atendida de nuevo... Vieja compañera.

Me han enseñado que aunque tú te sientas valiente, a veces otros te superan, en aspectos que a ti te crean temblor en las piernas. Poner los pies en la tierra es de valientes, pero atraverse a soñar no es capaz de hacerlo cualquiera. 

Me han enseñado a aceptar, aceptarme, soy lo que soy, no más que cualquiera, pero sí la primera en la lista de espera. De espera para vivir más lento y disfrutar del daño, de la lágrima jugo del sentimiento dulce que tornó amargo para salir salado y con las penas en ella. 

Me han enseñado que todo es SÍ, hasta que debes decir NO. Que el no, no es rendirse, sino querer quedar en tablas la partida (¿para empezar una nueva?): todos perdimos, pero ganamos, puesto que las decisiones, cuando son tomadas juntos, saben menos amargas (aunque sea agridulce).
Me han enseñado a renunciar a lo tóxico, pero guardarme la parte saludable. Siempre algo bueno queda.

Que las lágrimas no siempre están tristes, que los amigos de verdad no fallan, que los amores a veces no son tan amores, pero a veces sí. Que si te dejas, pueden darte una grata sorpresa. Que si no es tan buena, lección que queda. Que si tú, yo, pero si yo, tú. 

Que una pérdida no es tanta cuando has exprimido hasta el último sorbo de ella. Que nada es para siempre, pero siempre queda. Que a veces no te encuentras porque no estás perdido. Que sabemos más de lo que queremos creer, pero creemos menos de lo que debemos querer. Que enseñar, es aprender por dos: repetimos lo que ya sabíamos y así nos lo volvemos a creer. Pero no todo aquello que se repite es más cierto que lo que se dijo solo una vez. 
Que un te quiero no es necesario escucharlo con palabras, ni decirlo lo hará mas fuerte que una mirada, un beso, un abrazo cuando nadie habla...

Que no hay mejor manera de callar, que con un beso a tiempo, y más si hay risas al final.


Que lo aprendido no se olvide, que el destino nos guíe, y que perdidos nos encontremos, más nosotros, más aprendidos, más viejos... Pero aún con la vela encendida en la entrada a nuestro fuero interno, con el corazón en la mano dispuesto a tirarse al vacío de nuevo.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Se acerca el invierno

En noches como esta, embriagada por una lectura subida de tono romanticamente hablando, encadenada por la unión de responsabilidad más tiempo necesario para dormir. Aquí me hablo, sin poder negarle a mis ansias de decirme a mi misma las ganas inmensas que siento por disfrutar de alguien, como el libro me recuerda que las parejas que se quieren hacen. De sentir esa mirada ardiente que no se apaga, día tras día y ser tu la culpable de esa llama. Irte a dormir triste por el echo de que no sea con esa persona pero feliz de saber que en cuanto pase la noche, le volverás a ver. A cada uno le llega su momento, cuando le tiene que llegar o cuando menos se lo espera.  O eso dicen. Pero, aunque se suponga que este no sea el mejor momento de tener a alguien a quien regalarle tu tiempo, quiero tenerlo. Quiero tener en quien pensar y que me digan que pienso, al contemplar esa sonrisa tonta que surge en el rostro. A veces se acompaña de sonrojado pómulos que terminan por delatar un secreto a voces. Estás enamorada. ¿Y qué me dicen de esos suspiros?  Ay, ese aliento que se escapa y nos dejan sin respiración,  sin oxígeno para pensar con claridad, pero te quedas sin él y la pérdida mirada.
Luego se derriba ese telón para que choquen las dos películas teatralizadas, la de los dos buenos amantes, que se respetan y aman. Y la de aquellos que tienen desviada la mirada. Pensando en otras flores, en otros besos... Un oscuro vacío de nada.

viernes, 28 de agosto de 2015

Natach

Y entonces, me di cuenta. Te echaré de menos.
La gente tóxica son nubes para el sol. Pueden intentar que oscurezca, pero es el sol quien decide cuando empieza la noche.

Gracias.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Mi conclusión personal tras el último rotatorio en cirugía.

La semana comenzó con ganas de aprender, ilusión de trabajar y cierto miedo a lo desconocido, pues es el servicio “más fuerte” por el que hemos pasado en el PRACTICUM I.
No imaginé que la primera semana pudiesen hundirme de tal forma, que provocase que fuesen los propios pacientes mi ánimo de cada día para tener ganas de volver al siguiente. Comprendo que para trabajar en esta profesión hay que estar con los 6 sentidos, si no más, y que debemos hacer todo lo que podamos y saber todo lo que nuestro trabajo nos obliga a saber, siempre queriendo aprender aún más de lo protocolizado claro. De hecho hay que estar preparado para todo y pasaremos por sitios “más fuertes”, según dicen o peor organizados o que no tienen nada que ver. Ser enfermero es como ser madre, tienes que valer para todo y saber cómo actuar en cada situación.

Pero no por eso veré justo, ahora que estamos aprendiendo (porque nadie nace sabiendo ni siendo el mejor), que por no ser, según quien me dijo, el más espabilado del grupo, nos quieran espabilar con malas palabras. Hay que saber cómo enseñar y cómo alentar.

También he de decir que el que te hagan sentir incapaz para realizar esta profesión, puede hacerte acabar mal o mejor aún de lo que estas. Yo decidí hacer oídos sordos a los comentarios que no me parecían correctos (lo que esperan es que también tengamos nuestro propio criterio, ¿no?), y decidir qué extraer de los comentarios no bien dichos, e intentar cada día no cometer los errores que deben de estar ya aprendidos. Iir a por todas como siempre. 
Pero esto no fue gracias a que los comentarios me hicieran sentir mal, sino porque supe qué debía de hacer con ellos y también gracias al padre que tengo. También me dijeron, el primer día del PRACTICUM I, que si me mareaba (porque me mareé) es que no tenía “pasta para ser enfermera”. Si que te marees el primer día por algo que has visto por primera vez y sentido por primera vez te tacha para siempre, lo siento pero no seré yo quien siga esa norma. Y lo demostré volviendo al día siguiente sin miedo y con ganas.

Cuando hago despacio algunas técnicas como poner una vía o un sondaje nasogástrico, no es porque no sepa la teoría, sino porque al principio somos demasiado precavidos (cosa que tampoco viene mal en algunas cosas, porque a veces hacer las rápido y corriendo tampoco viene bien). Y si pregunto no tiene que ser solo porque dude, sino porque quiero asegurarme bien, tratamos con personas no con objetos o números. Al igual que antes de dar la medicación se debe volver a revisar para asegurarse de que es correcta.

Hay que ser estricto y duro cuando se trata de cosas tan importantes como estas (ser un buen enfermero), pero nunca hay que salirse de los límites. No permitiré que me tomen por alguien a quién le guste que le hagan las cosas o que no se toma en serio lo que hace. Lo demuestro con mis ganas de aprender y hacer todo lo que pueda ahora que estoy aprendiendo para que en un futuro, cuando solo esté yo y no tenga a quien vigile si lo hago bien o mal, sepa llevar la situación por el camino correcto o según el protocolo. No dejaré que nadie se siente superior a otro, ni que me tomen por quien no soy.

Mi conclusión personal es esta:

“Me llamo Natalia Diana Sánchez de la Rúa, tengo 20 años, estoy en tercero de enfermería y cada día de prácticas ha sido un empujón más a que me dé cuenta lo increíblemente increíble que me puede llegar a gustar esta profesión. De tal forma que cuando no hay nada que hacer, sí encuentro algo que hacer, aunque sea “simplemente” ir paciente por paciente hablando un poco con ellos y hacerles compañía (aunque ya la tengan). Pues a veces te dan sorpresas, como cuando te dicen llorando que se han acordado de su mujer, la cual murió justo hace un año; o aquel que tiene una nieta a la cual quiere con locura, que tiene cuatro años y el pelo de tirabuzones de oro, o aquella mujer que sufre por estar hospitalizada y no por ella, sino por su marido que está solo en la residencia y tiene Alzheimer. O incluso que confíen en ti para contarte cómo una compañera tuya le ha tratado como no debía.
No creo que muchos sepan la pena que sintió Benita cuando le dijeron que al final no le daban el alta y a su compañera sí, desecha porque aún no podía volver a casa y sintiéndose sola porque no iba a tener a esa gran compañera de habitación (y, ya amiga) puesto que ella sí se iba de alta.
La pasión que siento por dar toda la energía que sea necesaria a aquellos pacientes que día a día nos necesitan, la empatía que me hace querer escuchar a cada uno de ellos y provocar que quiera hacer también de sus días algo más feliz de lo que pueden estar allí, fuera de su hogar y lejos de la familia. No hay cosa que me guste más que la sensación de los pelos de punta cuando ves esas sonrisas de agradecimiento y esas palabras de cariño que van directas a ti. Nunca dejaría que por mi parte se trabajase mal con ellos, puesto que lo que necesiten lo tendrán y si he de denunciar a un compañero por trabajar siempre mal, lo haré. Puesto que hay que actuar según el criterio que dice mi abuela”:

“Nunca hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti, y compórtate como te gustaría que lo hicieran contigo”


Así pues es muy MUY importante tener los conocimientos (pero estos se van adquiriendo, no nacemos con ellos, al igual que la práctica)  pero también saber que los pacientes no son solo números de habitación, problemas de salud y medicación que dar o curas que hacer, sino que repito por última vez en esta memoria, son PERSONAS.


domingo, 23 de noviembre de 2014

Pájaros sin alas.


Pájaro pecador que vuela sobre su presa. Indeciso de lanzarse por miedo a que en el intento muera. ¿Realmente merece la pena? Necesitado de alimento, tu estómago suena, las tripas se te encogen y la mente te embelesa, pensando, pensando en cómo coger esa presa. Cómo alimentarte sin que primero te cace ella. Una vez lanzado no hay marcha atrás, y solo queda esperar a ver quién muerde más.

Se hizo suya, no hubo guerra…


Y acabó, la deshuesó entera, ya no quedan restos de nada de lo que sirviera. La presa fue presa y su destino era el que era. Simplemente se agarró, no luchó por su consciencia, soñando en que aquello tendría mejor final del que se espera, o sino, que la dejase otra vez en su camino, al aguardo del pájaro que quiera volar con ella. Se zarandeaban, se salivaban, se arañaban marcándose el uno al otro con su instinto animal de supervivencia. Aquello al final, no fue más que un hambre sedienta, calmada por la matanza y apaciguada por una cualquiera. Una guerra fría, que desprendía humo por los huecos que entre sus pieles rozando queda. No se infiltrará en su recuerdo, pero la presa sí que recuerda, que eso ocurrió bajo su lecho y dio muerte a su inocencia.


He aprendido.

Este escrito no es mio, pero deseo compartirlo porque merece la pena leer. Toda la razón del mundo en un texto resumido de la vida.

He aprendido que el amor pasa, pero lo amado permanece. He aprendido que la sabiduría no se alcanza sabiendo, sino dudando. He aprendido que la vida es cruel con la mayoría y generosa con la minoría, por lo tanto es injusta con todos. He aprendido que hay miradas que dejan más huellas que cualquier pie. He aprendido que la resistencia de los grandes árboles proviene de sus raíces. He aprendido que el último paso es tan importante como el primero, porque el último paso de un camino andado es el primero de otro camino por andar.
He aprendido que hay más poesía en las calles que en las bibliotecas, y más música en el campo que en los conservatorios. He aprendido que cualquier hombre y cualquier mujer, desnudos en una cama, miden exactamente lo mismo. He aprendido que las nubes tienen más poder que el Banco Mundial. He aprendido que tener buenos amigos consiste en ser buen amigo.
He aprendido que hay tantos mundos como personas, y tantas personas como formas de sentir. He aprendido que el miedo es un estado de la consciencia. He aprendido que al héroe no lo hace la capacidad de vencer sino la capacidad de sufrir. He aprendido que quien nos quiere nunca nos mienten, aunque no nos diga la verdad. He aprendido que tener tiempo es la mayor riqueza.
He aprendido a llorar con los que lloran, a reír con los que ríen y a callar con los que callan, sabiendo que mis propias lágrimas, mis propias risas y mis propios silencios tenían más valor en compañía. He aprendido que el reflejo de una mano izquierda es una mano derecha. He aprendido que se besa, se canta y se ve mejor con los ojos cerrados. He aprendido que Dios existe cuando creemos que existe.
He aprendido que las casas de la verdad siempre tienen dos puertas, que las puertas de la verdad siempre tienen dos cerraduras y que las cerraduras de la verdad siempre tienen dos llaves. He aprendido que la madre abraza al hijo el primer día de su vida y ya no lo suelta jamás. He aprendido que el dolor es el mejor maestro y el amor es el mejor consejero. He aprendido que un hombre es tan libre como sus actos.
He aprendido que la soledad es un derecho natural del creador. He aprendido que la bondad siempre es un don para quienes la reciben pero también, a veces, es una maldición para quienes la ejercen. He aprendido la necesidad de olvidar lo que nos hizo daño, para volver a ser frágiles. He aprendido la importancia de olvidar viejos errores, para empezar a cometer errores nuevos.
He aprendido a rodearme de gente en paz para hacer la guerra. He aprendido que hay personas tan cegadas por la envidia que no podrían ver jamás sus propias virtudes. He aprendido que no hay esperanza más fuerte que la de los desesperados, que no hay felicidad más pura que la de los enfermos, que no hay dignidad más noble que la de las personas sencillas.
He aprendido que el problema, la mayoría de las veces, se soluciona comprendiéndolo. He aprendido a escribir, porque he aprendido a tachar. He aprendido a escuchar, porque he aprendido a callar. He aprendido a renacer, porque he aprendido a perdonar. He aprendido que mi seis era un nueve para ti, poniéndome en tu lugar.
He aprendido que no soy mejor que nadie, ni peor tampoco. He aprendido que hay historias de amor que, justamente porque no ocurrieron nunca, terminan siendo inolvidables. He aprendido que la felicidad no existe, sino que somos nosotros los que la hacemos o no la hacemos existir. He aprendido que el dinero salva menos vidas de las que compra. He aprendido que los ancianos necesitan tanto cuidado como los niños.
He aprendido que la codicia es una enfermedad social. He aprendido que el poder no puede tanto como el querer. He aprendido a no cantar sin un motivo, a no rezar sin un deseo, a no trabajar sin una esperanza. He aprendido que el humor es algo muy serio, y que la gente demasiado seria me suele hacer reír. He aprendido que el hombre neutral muere de neutralidad.
He aprendido a desaprender. He aprendido a desaprenderme. He aprendido a amar, que es lo mismo que aprender a vivir. He aprendido a vivir, que es lo mismo que aprender a convivir. Y eso, justamente eso, es lo único que quiero seguir aprendiendo. Y eso, justamente eso, es lo mejor que aspiro a aprender.

He aprendido - Foto:EL PERIODICO
http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/escenarios/he-aprendido_838815.html#EnvioNoticia

martes, 30 de septiembre de 2014

Seres queridos.

El amor es necesario. 
Da igual en que forma nos sea dada, nosotros absorberemos cada gota ya sea de amistad, de nuestra pareja y sino siempre nos quedará la familia. Esas personas que siempre estarán ahí por moral, sangre y amor. 
Como iba diciendo, necesitamos esta energía. Es una fuente de alimentación positiva que nos hace sentir más vivos, y a su vez hace que tengamos más motivos por los que vivir, soñar, correr, reír, respirar...
No hay persona en este mundo que no haya pasado la necesidad de sentirse querido. Y cuando "estamos solos", nos achucharemos a nuestra mascota y, si no tenemos, a ese peluche especial (aunque nos traiga más melancolía, pero por lo menos ya tienes algo a lo que abrazar).
Aún así, a quién no le gusta ese momento en el que casi se nos está saliendo el corazón del pecho porque sabemos que vamos a ver a esa persona que tanto queremos: una madre que hace tiempo no has podido ver, un amigo que vive lejos y vuelve en vacaciones, un hermano que regresa por Navidad, una pareja por que por fin es fin de semana, unos abuelos que llevas tiempo sin poder ver por vivir en el pueblo, una personita nueva que se une a la familia... Abrazarlos y que te sientas como en casa.
El ser humano está hecho para vivir en sociedad, y sin amor la sociedad no valdría la pena.


martes, 24 de diciembre de 2013

Goodbye my lover, goodbye my friend.

Desde este lugar tan común en mis escritos te dedico estas palabras. Fíjate que ya solo con oír la canción y escribir la primera palabra, las lágrimas comienzan a asomar su rostro transparente y cristalino por las horquillas de mis ojos.
¿Cómo me metí en la situación por la cual tuve que decirte adiós amor sin despedirme de ti? Tuve que decir adiós a lo que comencé a sentir por ti sin ni siquiera probarlo. Te tengo aquí pero no puedo traer conmigo lo que rebosa sin querer al verte. Son brotes que no dejan de crecer, los corto y aún así vuelven a salir. Todo por que les da un rayo de sol, pero no saben que a veces el calor de la luz es falso.

Y ando aquí, sintiéndome mal, porque pienso en ti, en él, en el que un día me hizo la chica más feliz del mundo. Me prometió el mundo y nuestras ramas llegaron hasta el Universo. Y aquí sigo recordándole, no puedo decirle hola, no puedo volver a hablar con él, porque a pesar de que me gustaría que estuviésemos bien... No soportaría oír su voz, ver su mirada de ojos verdes...

Así que: goodbye my lover; goodbye my friend.



miércoles, 20 de noviembre de 2013

Sin sentido, sin esfuerzo, solo escrito.

En la misma noche, oscura, fría, sin estrellas, ni luna, ni guía.
En la profunda noche, cuando aún estaba dolida. Porque aún duele.
En la misera noche, apareciste.
Cuanto le sigo queriendo y cuanto me ayudaste a permanecer bien, sin recordar, sin pensar.
¡Y todo sin tú saberlo!. 
Sólo con ese abrazo en aquel encuentro casual, por que ojalá fuese del destino, ya conectaste y a causa de eso vino lo que ahora perdí. 
Trajiste la cesta con una nueva ilusión, una escalera para salir del pozo y unos cuantos dulces de abrazos y esperanzas. Pero la cogí sin preguntar pensando que era para mí y no, me quedé con lo mismo de atrás. Con la amargura de pensar en quien hace poco pensé en amar hasta que no hubiera más donde buscar. Y ahora, por mucha Oda a la alegría que oiga nada me quita el pensar que he sido tonta.
Esto es lo bonito del vivir se supone, sentir. Sentir y equivocarse. O acertar. A veces pienso que fue el karma que me la volvió a jugar.
Te perdí, le perdí, me encontré en aquel lugar del que hasta hace poco estaba, conseguí salir, y ahora...Bueno ya sabemos qué es el ahora.